Conversaciones de un solo significado

No se cómo describir la profundidad de las sensaciones de esas conversaciones

en las que se habla de cualquier cosa sin importar lo que se cuenta.

En las que lo único que cuenta es el contacto sutil,

el intercambio de sonidos aleatorios como excusa para volvernos a sentir.

Esas conversaciones, en las que no hay contenido que tenga significado.

En las que todas las palabras están escritas sobre el agua.

Esas conversaciones en las que se diga lo que se diga, todo dice lo mismo:

Te amo.

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Islander (Isleño) – Dancefilm (Videodanza)

Comparto hoy este hermoso video (videodanza, videoclip, videoarte… arte puro) que me ha resultado muy inspirador. Islander (Isleño). El propio autor -Derek Pedrós- lo presenta así:

Ser un isleño es más que un sentido de pertenencia.
Es una marca que vive y te acompaña toda tu vida, donde sea que vayas o vivas.
Es sentirse completo en un lugar donde otros se sienten aislados.
Libre, donde otros se sienten limitados.
Es a veces sentir la enorme necesidad de huir, y siempre la brutal necesidad de regresar.
Este dancefilm se trata de lo que compartimos aquellos que crecimos con el rumor de las olas que marcando el incesante pulso.
Sobre aquellos de nosotros que hemos crecido en un lugar donde tenemos la oportunidad de conocer quienes somos realmente.

Aquí el video y más información en la página original del autor en Vimeo

Entrevista con Mooji – ¿Cómo ves a quienes quieren convertirse en Maestros?

La conversación a continuación es una traducción de una parte de una entrevista con Mooji realizada por para su próximo libro Transformative Relationships: Paradoxes and Dilemmas, en el que Mooji explica cómo ve la motivación de algunos de sus alumnos para enseñar.

Amir: ¿Cómo trabajas con estudiantes que han estado contigo por un tiempo y que llegan a un lugar de ver verdadero? ¿Tiene algún alumno compartiendo satsang en su nombre? ¿Cuál es tu sensación sobre esto?

Mooji: Es una buena pregunta. Por el momento, hay seis o siete personas en diferentes partes del mundo que comparten lo que sienten que han captado a través de mis indicaciones. No les pedí que hicieran esto. Ellos mismos escribieron diciendo que la gente les hacía preguntas y que descubrieron que las respuestas fluían naturalmente, como si yo mismo respondiera a través de ellas. Así que observé algunos de sus intercambios y dije: ‘Puedes continuar, pero ten cuidado con cualquier impulso de etiquetarte como un gurú o maestro para que tu comprensión no esté contaminada por el ego’.

Después de tu primera experiencia de despertar o de una profunda revelación, es fácil pensar, “¡Lo he hecho!”. Y si tienes alguna arrogancia o una mente astuta, tu mente cree rápidamente que tu tiempo de ser aprendiz ha terminado. Hay muchos buscadores que creen estar despiertos, cuando de hecho todavía están sumidos en la ilusión. Pasan por alto las señales que muestran que la identidad personal todavía está viva. Luego, cuando se dan cuenta del error, ya están en un rol que puede parecer imposible de dejar atrás sin culpabilidad o vergüenza. Es muy importante tomarse el tiempo para madurar y continuar quemando los restos de la identidad egoica, que puede persistir y son las últimas sombras que se van. Por lo tanto, insto: continúen su indagación mientras permanecen a los pies del Maestro.

Algunos estudiantes se han convertido en maestros y ayudan a otros a desarrollarse espiritualmente, pero no he encontrado a nadie que guíe a los buscadores con la luz y el poder implacables de la auto-indagación, en la forma en que destruye el ego al instante.

El verdadero compartir no tiene detrás a alguien haciendo algo, así que ni siquiera sé si lo llamaría compartir. Uno encuentra que no hay una identidad particular para ser; la identidad se vuelve muy superficial y es reemplazada por una presencia espontánea e intuitiva. Ya sea que uno hable con un gato o el panadero o alguien del satsang, lo que se comparte siempre es apropiado porque es el espíritu el que está interactuando en formas variadas como la propia vida. Siempre funciona en un tiempo perfecto y cuida a aquellos que aman la Verdad. Lo que intento es proteger a los seres de cualquier tendencia a querer enseñar en una etapa prematura en su desarrollo, aunque puedan sentir dentro de sí mismos que están bastante preparados. Este es también el trabajo del Maestro, tirar de las riendas de esta tendencia galopante a apresurarse cuando todavía debería estar sentado en soledad a los pies del Maestro, marinándose en la presencia. A veces, un buscador o un estudiante, habiendo experimentado lo que sienten que es una profunda revelación, luego siente que de alguna manera están ya cualificados para guiar a otros. Incluso pueden tener ganas de establecer su propio grupo independiente. Este es un gran error porque a menudo proviene del ego, aunque puede que no sea obvio para ellos al principio. Si alguien quiere hacer lo suyo y separarse de la sangha principal, esto es lo más sospechoso. Permanezca dentro del cuerpo principal de la sangha, y luego gradualmente, a medida que creces en madurez, todo comienza a desarrollarse naturalmente. Pero primero usted mismo debe estar completamente cocinado.

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El juego de Brahma

No existía nada más que Brahma, y por esa razón estaba muy aburrido. Brahma decidió jugar a un juego, pero no tenía a nadie con quien jugar. De modo que creó a una hermosa diosa a partir de una de sus costillas, Maya, con el único propósito de divertirse. Una vez que Maya existió y Brahma le explicó el propósito de su existencia, ella le dijo: «De acuerdo, juguemos al juego más maravilloso, pero tú harás lo que yo te diga». Brahma aceptó y, siguiendo las instrucciones de Maya, creó todo el universo. Creó el Sol y las estrellas, la Luna y los planetas. Después, la vida en la Tierra: los animales, los océanos, la atmósfera, todo.

Entonces Maya le dijo: «Qué bello es este mundo de ilusión que has creado. Ahora quiero que crees un tipo de animal que sea tan inteligente y goce de tal conciencia que esté capacitado para apreciar tu creación». Finalmente, Brahma creó a los seres humanos, y una vez que acabó con la creación, le preguntó a Maya cuándo iba a empezar el juego. «Lo empezaremos de inmediato», dijo ella.

Cogió a Brahma y lo cortó en miles de pedacitos diminutos. Puso un trocito en el interior de cada ser humano y dijo: «¡Ahora empieza el juego! ¡Voy a hacer que olvides quién eres y tendrás que encontrarte a ti mismo!». Maya creó el sueño y, hoy, Brahma todavía está intentando recordar quién es.

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Brahma está ahí, en tu interior, y Maya te impide que recuerdes quién eres.

Cuando te despiertas del sueño, te conviertes de nuevo en Brahma y reclamas tu divinidad. Ahora, si el Brahma que está en tu interior te dice: «De acuerdo. Estoy despierto, ¿qué ocurre con el resto de mí?», como conoces el juego de Maya (la ilusión), comparte la verdad con otras personas para que despierten también. 

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AME SUS PROBLEMAS

Tao Te King – Capitulo 13
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El favor y la humillación son como la excitación.

Un gran problema es como su cuerpo a usted.

¿Qué significa decir que el favor y la humillación son como la excitación?

Uno considera el favor como algo bueno.

Uno considera la humillación como algo malo.

Cuando lo obtiene, le excita a él.

Cuando lo pierde, le excita a él.

Esto se llama que el favor y la humillación son como la excitación.

¿Qué significa decir que un gran problema es como su cuerpo?

Tengo un gran problema porque tengo mi cuerpo.

Si yo no tengo mi cuerpo, yo no tengo ningún problema.

Por tanto, si uno actúa como si su cuerpo fuera el mundo, puede confiar el mundo a él mismo.

Si ama el mundo como su cuerpo, encontrará el mundo dentro de él.

LOS DÁTILES DEL VIEJO ELIAHU

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.

– ¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.
– Contigo sea la paz. – contestó Eliahu sin dejar su tarea.
– ¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
– Siembro -contestó el viejo.
– ¿Qué siembras aquí, Eliahu?
– Dátiles – respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.
– ¡Dátiles!! – repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
– No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…
– Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
– No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé… lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?
– Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
– Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
– Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
– Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.
– Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.
– Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no solo una, sino dos veces.
– Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte, te ayudo a terminar de sembrar y luego vamos a la tienda.