Estirando

Hoy me vino a la mente de repente. Y luego me vino al cuerpo. Estirar.

Entonces me doblé, estiré, toqué el suelo. Casi no llego. Y duele un poco.

En ese momento me acordé, dos amigos en india, un chico hindú-norteamericano y su novia francesa. Estiraban diferente. Les escuché hablar mientras tomaba chai: “Respira, relajate. Sigue respirando (durante varios minutos). Así.”. Para mi sorpresa mientras iban pasando los minutos iban lentamente llegando más abajo, estirando más. Sin hacer nada.

Eso nunca me lo enseñaron a mí. En mi escuela, en mi equipo de baloncesto, estirar era forzar. Forzar el músculo e intentar llegar siempre un poco más lejos. Buscar tu límite de dolor para ir exprimiendo tu cuerpo y obligando al músculo a estirar.

¿Que diferente no? Y que extrapolable a lo social, a lo cultural, a la visión del mundo de oriente y de occidente, a los diferentes mundos.

Mientras en occidente aprendemos a forzar la máquina, buscar el objetivo directamente y por la manera más rápida (supuestamente), en oriente enseñan a conocer la máquina y engrasarla, darle el espacio a la relajación y el desarrollo progresivo para alcanzar el objetivo, y esperar a que el trabajo lento de sus frutos.

Como alguien me dijo alguna vez:

“Sentado en silencio

sin hacer nada,

llega la primavera

y la hierba crece por si sola”

Este Haiku* de Basho, es contemplación sin interferencia. Inacción pura. Lo que Lao Tse ha llamado Wu Wei: acción a través de la inacción. Es un estado en el cual no quieres dirigir, ni interferir. Sólo permites que las cosas pasen. No estás manipulando, ni ejecutando ninguna ideología.

Esta es una manera de ver el mundo, y de relacionarse con la naturaleza, con toda la naturaleza, muuuy diferente de la que existe en occidente, heredada del judeo-cristianismo románico (vaya mezcla!). Cada detalle de la vida, cada respiración, habla de toda la vida en sí misma. Algo así diria un maestro oriental para describir como llegué desde un estiramiento a un reflexión sobre oriente/occidente y la no-acción. Estaba fumado, diría algún maestro occidental (maestros académicos claro, son los que tenemos). Y seguramente ambos tienen razón.

————

* El Haiku forma parte de la concepción oriental de la totalidad del mundo, cuyo origen se basa en el Tao, Budismo y el Zen. Los poetas japoneses sienten una fascinación y reverencia por la naturaleza, por el misterio de la vida y se integran con ella para expresarlo a través de la contemplación y el silencio meditativo.

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