¿Cómo establezco el precio de mi trabajo?

Esta es una gran inquietud de muchos, seguramente de quienes el dinero les genera gran contradicción en sus vidas, ¿no es cierto? Yo diría que es una de las preguntas del millón. ¿Por qué? Porque al poner un precio a nuestro trabajo al final caemos en la cuenta de que “en verdad algo nos interesa del recibir” y de ese modo nos alejamos del enfoque en el “dar”. Es allí donde se genera la contradicción. Sentimos algo de miedo por si es poco lo que vamos a recibir, tenemos miedo de que “no sea suficiente”, entonces queremos asegurarnos un “mínimo” y eso lo hacemos fijando un precio a nuestro trabajo.

Una enseñanza que dejó el buda tiene que ver con nuestras acciones, en definitiva, con nuestro dar: “palabra recta, acciones rectas y recto sustentamiento”. El dice que debemos vivir de la caridad, esto quiere decir, “de lo que los demás voluntariamente quieran darnos”.

Ahora podemos repasar un poco. Recordemos siempre lo más importante en nuestros actos: “la intención”. Esa es la gran sabiduría que no debemos olvidar para ser seres felices y abundantes, nuestro dar depende de ella. Cuando tengamos alguna duda de la rectitud de cualquier cosa que hagamos, observemos sólo la intención, y la respuesta aparecerá en nosotros mismos. Dijo el Buda también: “no necesitamos que nadie nos diga qué está bien y qué está mal, simplemente debemos saber que cualquier acción nuestra que perjudique o perturbe la paz o armonía de otros, es una acción pecaminosa y, por el contrario, cualquier acción que ayude a otros o contribuya a su paz y su armonía, es una acción virtuosa”.

Quizás la mejor manera de sentirnos bien y de quitarnos de encima la necesidad de establecer un precio y cobrar, sería tener una cajita de colaboraciones voluntarias, donde quien quiera pagarnos por nuestro trabajo lo haga de manera voluntaria y con amor. De esa manera la contradicción en nosotros no existirá. Esa cajita podría contener una leyenda explicando su función o lo que sintamos escribir para que el “comprador o colaborador consciente” contribuya. Para quienes no sientan hacerlo de esa manera, podrían experimentar poniendo “precios conscientes”, es decir, poniendo un precio transparente, donde el que compra pueda conocer el costo y elegir el precio a pagar, a su discreción, en función de sumarle un adicional al costo. Y contemplando también que si alguien llegara a necesitar el producto y no puede pagar ni siquiera su costo, podríamos vendérselo por debajo del mismo o incluso regalárselo, ya que nuestra intención es “dar nuestro trabajo de manera virtuosa”. En este caso podrían aparecer muchos que nos paguen mucho, otros que nos paguen poco y otros a quienes les regalemos el producto. Pero nosotros solo debemos pensar en “dar nuestro trabajo”, el recibir no lo manejamos nosotros.

En fin, la contradicción de “establecer un precio y cobrar” se irá resolviendo de manera “evolutiva” y cada uno irá encontrando su manera. Las que nombré son grandes ejemplos, pero existen muchos intermedios que cada cual los irá encontrando para no enfocar su trabajo en el recibir. Lo que de verdad importa no es cuánto nos pagarán por nuestro trabajo, pues ello nos haría perder el objetivo de “disfrutar el hacer nuestro trabajo de manera desinteresada”, más bien sería recordar el hecho de que lo que recibamos es el universo quién nos lo asigna.

Parte del texto “Economía Cósmica

Autor: Martín Traverso (Argentina)

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