La historia de mi nacimiento – Rigoberta Menchú

Antes de nacer, todos vivimos en un mundo muy sabroso. Estamos en el vientre de nuestra madre, dentro de un saquito llamado placenta. Estamos unidos a nuestra madre por el ombligo. Cuando nacemos, lloramos porque sentimos frío. Entonces cortan el ombligo ya estamos solos delante de la faz del mundo.

Mi madre quemó el resto de mi ombligo y la placenta para que el humo volara por los vientos y formara parte de las energías vivas de la Madre Naturaleza. Pero me dejó un buen pedazo de ombligo colgando que amarró con un hilito al cuello como si fuera un collar y, a los dos meses, ya seco, se cayó solo y lo enterró en la tierra. Es un homenaje a la Madre Tierra. Porque uno pertenece a la Madre Tierra. Y la Tierra es sagrada. Al mismo tiempo, debemos ser libres. La Tierra es nuestra madre, porque nos da los alimentos que comemos. la Tierra es nuestra madre porque sobre ella caminamos nuestros pasos. La Tierra es nuestra madre porque nuestra sombra está pegada a ella.

Quemamos el ombligo y su compañerita para nacer de nuevo. Porque mi ombligo es la única fuente que me une a la energía y a la vida. Quemamos el ombligo como un homenaje a la naturaleza, porque las cenizas van a formar parte del ambiente. También se guarda un pedazo de ombligo para luego enterrarla en la Tierra, para quedar atados a ella, para que ella nos adopte como su hija, como su hijo. Cuando nos vamos de nuestra tierra, sentimos tristeza, porque dejamos una parte de nosotros mezclada con el aire, con el agua, con el suelo.

Cuando uno nace, al mismo tiempo nace un animalito. Ese animalito es igual que nosotros. Si estornudamos, él también estornuda, allá en los bosques en donde vive. Si cantamos, él también canta con su lenguaje animal. Si nos herimos un dedo, él también se hiere una pata esté donde esté. Lo que nos pasa a nosotros le pasa a él. Lo que le pasa a él nos pasa a nosotros. Algunas veces ese animal es más sabio que nosotros conoce los riegos que corremos e inmediatamente nos protege como se protege a si mismo. Por eso hay que tener mucho respeto por los animales. En Chimel ese animal se llama nawal. Cada vez que nace un niño, los padres le piden a los guías espirituales que se llaman Chuch K’Ajaw que diga cuál es su nawal. Yo sé cuál es el mío pero es un secreto que no voy a decir.

Uno puede tener como nawal un tigre, un león, un coyote, un oso. Puede tener como nawal un puma, un jabalí, un petirrojo. Un cisne, una cigueña, una gacela, pero también puede tener como nawal un cerdo, un ratón, un zorrilo. Esto no quiere decir que sea feo o malo, porque no hay animales feos o malos. Todos los animales son hermosos, todos los animales son necesarios, todos los animales son buenos, porque ayudan a la existencia de la Tierra. Porque sin ellos no existíriamos.

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