No contamines el rio

No parece lógico contaminar lo que uno va a recibir. No es muy saludable envenenar la tierra donde cultivamos nuestro alimento, ni echar residuos al río del que más tarde beberemos su agua. Eso hoy lo llamamos ecología. No envenenarnos ni contaminarnos a nosotros mismos es ser ecologista. Parece lógico. Aunque no todo el mundo llega a comprender esto. Y muchos ecologistas se pueden enfadar con las personas que no respetan esta simple relación.

Si miramos a un nivel más profundo, sabemos que todo es energía, y que la frecuencia de ésta, su vibración, es lo que determina su efecto en nosotros. También sabemos que las frecuencias resonantes se atraen y vibran juntas. Mirando el mundo desde esta perspectiva podemos ver que las energías que mandamos al mundo son las que más tarde recibiremos. Como el río.

Vivir nuestro día a día por ejemplo desde la continua crítica o insulto a todo lo que nos rodea, algo muy habitual en la sociedad occidental, es dedicarse con mucha pasión a contaminar constantemente el rio del que bebemos. Cada insulto a una persona, aunque esa persona esté a miles de kilómetros y sea “imposible” que escuche ese insulto, es una energía de baja vibración que enviamos al rio de la vida y que afecta directamente a todos los que se encuentren en ese momento en nuestra parte del rio. Y a la larga afecta a todo. O acaso el agua del rio no llega luego a los mares, y se evapora para pasar a las nubes y llueve en otra parte del planeta pasando al subsuelo, y luego se transforma en otro rio. Igual pasa con todo.

Tomar conciencia de nuestra “ecología energética” de algo básico si queremos vivir la vida en paz. Cada palabra que decimos tiene una vibración. Cada pensamiento también. Así vamos creando nuestra realidad. Realmente, ¿que ganamos al insultar a alguien? ¿porqué hay tanta gente que vive en ese continua relación de odio? Fortalecimiento del ego. Las únicas consecuencias seguras de un insulto a alguien que no está presente es el crecimiento de nuestro ego por sentirnos superiores a esa otra persona y la apertura a recibir vibraciones bajas, a sentirnos enfadados, tristes, separados, rabiosos, incomprendidos, atacados.

Atacados por nuestra propia energía. Envenenados por nuestros vertidos en el rio.

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