Soltar los ojos

Una de tus fuentes de confusión es que tu tonal no te suelta los ojos. El día que lo haga, tu nagual habrá ganado una gran batalla. Tu obsesión, o mejor dicho, la obsesión de todos nosotros, es arreglar el mundo según las reglas del tonal; así cada vez que nos enfrenta el nagual, hacemos lo imposible por volver nuestros ojos tiesos e intransigentes.

Debo apelar a la parte de tu tonal que entiende este dilema, y debes hacer un esfuerzo por liberar tus ojos. La cosa es convencer al tonal de que hay otros mundos que pueden pasar frente a las mismas ventanas. El nagual te lo enseñó esta mañana. Conque deja tus que tus ojos sean libres; déjalos ser verdaderas ventanas. Los ojos pueden ser ventanas para contemplar el aburrimiento o para atisbar aquella infinitud.

Don Juan trazó con el brazo izquierdo un amplio arco para señalar el entorno. Había un brillo en sus ojos, y su sonrisa era a la vez temible e irresistible.

– ¿Cómo puedo hacer eso?- pregunté.

– Yo digo que es un asunto muy fácil. Quizá lo llamo fácil porque llevo tanto tiempo haciéndolo. Todo lo que tienes que hacer es instalar tu intención como aduana. Cuando estés en el mundo del tonal deberías ser un tonal impecable; ahí no hay tiempo para porquerías irracionales. Cuando estés en el mundo del nagual, también deberías ser impecable; ahí no hay tiempo para porquerías racionales. Para el guerrero, la intención es la puerta de enmedio. Se cierra por completo detrás de él cuando va o viene.

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