El servicio incondicional

El primer camino es el servicio, el servicio al prójimo. Cuando la gente actúa para si misma, está actuando para sus propios deseos. Cuando consigo transcender ese espacio de mi propia individualidad, lo que “yo” quiero, lo que “yo” creo, lo que “yo” encuentro bueno, entro en un espacio de poder servir.

El servicio no es sólo al otro, en verdad el servicio comienza por nosotros mismos, más no viene de nuestro ego ni de nuestra mente. El servicio es el Dios que está dentro de nosotros, por eso no existe una diferencia entre servirnos a nosotros, al otro o a quien sea. Mas esa intención de servicio hace que la mente no pueda acompañar. Porque nuestra mente siempre va a accionar esperando algo a cambio. Ella siempre está mirando para ver que va a recibir por nuestra acción, está siempre preguntándose el porqué de la acción. Siempre existe una razón para mis acciones para mi mente, para mi individualdad, para mi ego.

Cuando encontramos un espacio dentro nuestro de servicio al prójimo, de un servicio como simplemente recoger algo de basura del suelo porque estoy viendo que está sucio, sin esperar nada a cambio, ¿que se despierta dentro nuestro? Despertamos una acción venida de Dios, venida desde nuestro espíritu. Una simple acción, sin un entendimiento racional de porqué o de cómo.

Ragi, maestro espiritual de Piracanga.

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