Es tan simple un abrazo

Es tan simple un abrazo!
Todos los cuerpos coinciden magneticamente en un abrazo.
No es la anatomia…
Mi cuerpo ha calcado sin esfuerzo el contorno de pechos, vientres, espaldas, brazos y piernas de las mas diversas morfologias.
Me he tornado concava y convexa, la contraforma de la piedra, el arbol, el perro, la palma de otra mano, la espiral de la trompa de un elefante…
El continente del mono, del anciano, del recien nacido, y hasta del mismo cuenco y la fragil flor.
Acaso no conoces la inmesidad de abrazar el desierto boca abajo sobre el arena?
No haz sido agua abrazando la no-forma del oceano?
Mi cuerpo magico es maleable como el barro fresco cuando lo embebe el Amor…
El abrazo nos quita la ilusion de la forma, y nos “infinita”

Gracias Luz

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Guia de ejercicios de Mooji para la Autoindagación

Guia de ejercicios de Mooji para la Autoindagación

Mooji ofrece dos ejercicios potentes
para ayudarnos a mirar y descubrir nuestra verdadera naturaleza.
Este es tu trabajo interno. Trabajo interno – satisfacción eterna.

Traducción de la página oficial de Mooji http://mooji.org/self-inquiry.html

Hay dos guías que se ofrecen. Ambas revelan el mismo lugar. Si has encontrado las guías sutiles demasiado difíciles para su seguimiento (el buscar y encontrar lo que eres antes de cualquier cosa que puedes percibir), hay un ejercicio simple, pero igualmente poderoso. Es estar confirmado en la vibración «yo soy».

20160824_welcome_ev_portraits_004-2Todos ustedes conocen la sensación de ser. Sin practicar nada, todos los seres se refieren naturalmente a sí mismos como «yo», yo soy o yo existo. ‘Soy’ significa existir, ser. ¿Quién es el “yo” que soy? ¿Quién es el “yo” que existe? El sentido de la existencia está presente de forma natural en tu interior y se siente universalmente cómodo para todos los seres. Está ahí en el comienzo de la percepción y funciona durante el estado de vigilia como el testigo y observador de todo lo que aparece fenomenológicamente y tiene significado para la sensación de «yo soy».

Este sentimiento, “yo soy”, “yo existo”, es la forma natural y no aprendida por la cual reconocemos nuestra existencia.

PRIMER EJERCICIO

Comienza con la sensación ‘yo existo’. No se necesitas tiempo para localizar esta sensación. No está a distancia de ti. No tienes que buscarla, ya que está presente de forma natural justo donde tu estás. Es lo mismo que la conciencia. Sólo mantente consciente de ti mismo. No dejes que esta sensación de presencia natural se combine con cualquier otro concepto, pensamiento o intención. Permanece vacío. No hagas caso a ninguna información de la mente. Quédate con esta vibración del ser, no simplemente con las palabras “yo soy”, sino con la sensación subjetiva e intuitiva de ser. Eso es todo. Y recuerda: no permitas que se mezcle con ninguna otra cosa.

Ahora, la mente puede colarse en forma de pensamiento y decir, ‘Bueno, no veo nada, esto no está funcionando’, y todo el ruido travieso habitual para distraer la atención puede venir. Pero tu mantente firme en lo simple, el sentido básico de vacío. Si sientes que de alguna manera la atención se está escapando, no te preocupes, simplemente cada vez que te des cuenta, traela de vuelta a la vacuidad.

Practica esto durante períodos cortos de aproximadamente cinco a siete minutos cada vez. Al principio, es posible que encuentres que sentarte sea una buena manera de empezar el ejercicio. Poco a poco, a medida que continues, encontrarás que puedes hacerlo cuando caminas o realizas la mayoría de las tareas diarias.

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Me declaro vivo

Saboreo cada acto.

Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí,
entonces me portaba como los demás querían
y mi conciencia me censuraba.

Menos mal que a pesar de mi esforzada
buena educación siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó
que la vida no es un escenario!
Desde entonces me atreví a ser como soy.

He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones;
conozco gente extraña:
católicos, religiosos pecando y asistiendo a misa puntualmente,
pregonando lo que no son,
personas que devoran al prójimo con su lengua e intolerancia,
médicos que están peor que sus pacientes,
gente millonaria pero infeliz,
seres que se pasan el día quejándose,
que se reúnen con familia o amigos
los domingos para quejarse por turnos,
gente que ha hecho de la estupidez su manera de vivir.

El árbol anciano me enseñó
que todos somos lo mismo.

La montaña es mi punto de referencia:
ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera,
yo sigo caminando indetenible.

Soy guerrero:
mi espada es el amor,
mi escudo el humor,
mi hogar la coherencia,
mi texto la libertad.

Si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme,
no hice de la cordura mi opción.
Prefiero la imaginación a lo indio,
es decir inocencia incluida.

Quizás solamente teníamos que ser humanos.

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Ser e Iluminación

Más allá de la miríada de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Muchas personas utilizan la palabra Dios para describirla, pero yo suelo llamarla Ser. La palabra Ser no explica nada, pero la palabra Dios tampoco. Ser, no obstante, tiene la ventaja de ser un concepto abierto. No reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental del Ser, y nadie puede pretender su posesión exclusiva. Es tu esencia misma; puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia.

Por eso sólo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser.

EL SER NO SÓLO ES TRASCENDENTE; TAMBIÉN IMPREGNA PROFUNDAMENTE cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.

Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.

La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».

La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.

La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.

El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.

La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.

La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma inapropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.

Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.

LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

Eckhart Tolle