Cuando muera seré el sol

El día que muera no desapareceré.
El día después de que haya muerto me seguirás encontrando.
Aquí estaré.

En cada persona que conozcas estaré, a través de ti en todos viviré.
En cada silencio que compartas estaré, escuchando.
En cada mirada que compartas estaré, viendo.

Cuando muera seré el sol, y te acariciaré.
Me disolveré y me uniré con todo.
Seré cada partícula existente y aquello que les da existencia.
Cuando muera siempre estaré, hasta incluso ahora.

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Nada y Todo

“Venimos sin nada y sin nada nos vamos”, dicen.

Venimos de la Nada. Y aparecemos en el Todo. Aparecemos en las formas. Donde el Todo se crea a si mismo.

Venimos de la Nada, de la Unidad, del Ser.

¿Quieres ir de la Nada al Todo y traer algo? ¿O llevar algo del Todo hacia la Nada?

El Todo es creado durante una noche de Brahma, mientras Dios sueña que está separado.

El Todo es el propio sueño. Y tu eres quien sueña. Y quien despierta.

 

Cuatro leyes de la espiritualidad en India

En la India se enseñan las Cuatro Leyes de la Espiritualidad

La primera dice: “La persona que llega es la persona correcta”
Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice: “Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa…hubiera sucedido tal otra…”. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice: “En cualquier momento que comience es el momento correcto”
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

La cuarta y última: “Cuando algo termina, termina”
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Creo que no es casual que estemos leyendo esto; si este texto llega a nuestras vidas hoy es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

OM TAT SAT

Guayota

El aire andaba espeso, turbio y ardiente. Las nubes se arremolinaban tropezando entre ellas y las aguas del mar andaban revueltas. Los animales estaban inquietos, hasta la coruja que sólo merodea en lo oscuro, voló bajo la luz. Aquellos signos presagiaban que Guayota estaba próximo.

Apareció Guayota y se apoderó de Magec, el sol, dejando el cielo a oscuras. Todo fue una noche cuando aún era el día. Rogaron entonces a Achamán los guanches, para que tuviera misericordia, que devolviese al día sus luces, que su poder librase de todo daño. Achamán atendió las súplicas y acudió dispuesto a defenderlos. Guayota, con Magec prisionero, se había ocultado en los adentros de Echeyde (Teide).

Allí fue a buscarle Achamán. Cuando lo halló, el suelo se abrió en truenos, estampidos y temblores que aturdían a las islas más lejanas. Fue el comienzo del combate. Por el cráter de Echeyde, Guayota arrojaba humos, peñascos encendidos, lenguas de lava, azufres y escorias con los que intentaba doblar a Achamán. Aire y cielo se convirtieron en un lamedal hirviente tan encendido en brasas que causaba espanto. Y prosiguió Guayota vomitando fuegos hasta que Achamán, al fin, logró vencerle.

Como castigo a su maldad lo encerró para siempre dentro de Echeyde. Después devolvió a Magec al cielo para que siguiera iluminando la tierra, y enseguida el día volvió a ser día y se aquietaron las aguas y las nubes. Guayota, cautivo desde entonces, aún respira en lo más alto de Echeyde.

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Distraerse

Un cazador para asustar la caza prendió fuego a un bosque. De pronto vio a un hombre que salía de una roca. El hombre atravesó el fuego sosegadamente. El cazador corrió tras él.

-Diga, pues. ¿Cómo hace para pasar a través de la roca?
-¿La roca? ¿Qué quiere decir con eso?
-También lo vi pasar a través del fuego.
-¿Fuego? ¿Qué significa fuego?

Ese perfecto taoísta, completamente borrado, no veía las diferencias de nada.

Henri Michaux, Un Barbare en Asie.

Dentro del libro “Cuentos breves y extraordinarios” de Borges y Bioy Casares