Cuento Sufi – Mi guía es un perro

Le preguntaron a un sabio: ¿quién te guió en el Camino?
El sabio contestó: un perro.
Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro. Finalmente, fue tal su necesidad que, venciendo su miedo se arrojó al agua, y entonces “el otro perro” se esfumó. El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separabade lo que buscaba había desaparecido.
De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que “mi yo” era ese obstáculo.
Gracias Luz
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Un día y la vida

El yo un día se dio cuenta de que no existía. Y de que no había existido nunca. Entonces solo quedé. Nadie más existió. No puede existir nadie si no existe el yo. Ya que todos son el yo. Cuando desaparece el yo, desaparece todo, todo lo que no existió, y sólo queda la vida. Un día y la vida.

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Gracias Valeria

Dios dijo

Le pedí a Dios que me quitara mis malos hábitos

Dios dijo: No.
Esto no es responsabilidad mía,
sino tuya; para que tú mismo lo hagas.

Le pedí Dios que sanara mi hijo que está paralítico.

Dios dijo: No.
Su espíritu es sano, su cuerpo es solo temporal

Yo le pedí a Dios, que me concediera paciencia

Dios dijo: No.
La paciencia es un producto de la tribulación
No se concede, sino que se aprende.

Yo le dije a Dios, que me diera felicidad

Dios dijo: No.
Yo te doy bendiciones, la felicidad depende de ti.

Yo le pedí a Dios, que me quitara el dolor

Dios dijo: No.
El sufrimiento te aleja de los placeres mundanos
y te trae más cerca de mí.

Yo le pedí a Dios un crecimiento espiritual

Dios dijo: No.
Tú debes buscar tu propio crecimiento.
pero yo te podaré, para que seas fructífero

Yo le pedí a Dios por muchas cosas, para gozar la vida.

Dios dijo: No.
Yo te daré vida, para que tú disfrutes de todas las cosas.

Yo le pedí a Dios que me ayudara a AMAR a otros, tanto como el Universo me ama a mí.

Dios dijo: Ahhhh, finalmente ya entendiste lo que quiero decirte.

Joanne Gobure

El servicio incondicional

El primer camino es el servicio, el servicio al prójimo. Cuando la gente actúa para si misma, está actuando para sus propios deseos. Cuando consigo transcender ese espacio de mi propia individualidad, lo que “yo” quiero, lo que “yo” creo, lo que “yo” encuentro bueno, entro en un espacio de poder servir.

El servicio no es sólo al otro, en verdad el servicio comienza por nosotros mismos, más no viene de nuestro ego ni de nuestra mente. El servicio es el Dios que está dentro de nosotros, por eso no existe una diferencia entre servirnos a nosotros, al otro o a quien sea. Mas esa intención de servicio hace que la mente no pueda acompañar. Porque nuestra mente siempre va a accionar esperando algo a cambio. Ella siempre está mirando para ver que va a recibir por nuestra acción, está siempre preguntándose el porqué de la acción. Siempre existe una razón para mis acciones para mi mente, para mi individualdad, para mi ego.

Cuando encontramos un espacio dentro nuestro de servicio al prójimo, de un servicio como simplemente recoger algo de basura del suelo porque estoy viendo que está sucio, sin esperar nada a cambio, ¿que se despierta dentro nuestro? Despertamos una acción venida de Dios, venida desde nuestro espíritu. Una simple acción, sin un entendimiento racional de porqué o de cómo.

Ragi, maestro espiritual de Piracanga.