Gonzalo Vázquez: periodismo literario deportivo de investigación o cómo escribir sobre deportes de la mejor forma

Me encanta Gonzalo Vázquez, lo admito. Cómo seguidor del baloncesto pero no de los medios de masas adormilantes me horripilan el uso que hacen del deporte medios como Marca, As, El mundo deportivo, etc,etc. Ya en sí el deporte es un negocio impresionante que desmerece todo el acto deportivo y la competición sana, por eso agradezco tanto la mirada profunda, poetica y científica, que tiene un periodista como G. Vazquez. Le seguía desde hace tiempo en el blog de acb.com El Punto G y ahora leo un excelente artículo suyo en Jotdown.es, puede que el que más me haya gustado suyo, titulado Baloncesto y fase de flujo. En el artículo deja joyitas como estas:

A lo largo de la historia no han sido pocos los deportistas que en su campo han experimentado la sensación de entrar en los dominios del flujo. Sólo que en su inmensa mayoría, como ocurre con los sueños, fueron incapaces de trasladarlo al lenguaje. “Nadie ha conseguido describir lo que puedes llegar a sentir dentro de esas cuatro líneas”, Isiah Thomas.

El deporte, en tanto frenetiza su actividad psicodinámica en innumerables parcelas de creación y rendimiento, permite una curiosa fragmentación del estado de flujo en pequeños microflujos que pueden durar un suspiro. El gol de Maradona a Inglaterra en 1986 o el de Lionel Messi al Getafe en 2007, los 200 metros de Michael Johnson en 1996, los 100 de Usain Bolt en 2009 o el salto de Bob Beamon en 1968, ejemplifican a la perfección la idea de microflujo en una elevación instantánea de la actividad a límites previamente ignorados.

El baloncesto es, de todos los deportes, uno de los más vastos continentes de creación y rendimiento. De entre la infinidad de territorios abiertos, esto lo saben bien quienes alguna vez lo probaron, dos canales destacan por sus condiciones ideales donde estallar la fase de flujo:

  • Las migraciones al aro.
  • El control de situación.

Y a menudo ambas simultáneamente.

 

Jordan es probablemente uno de los deportistas que mayor número de veces y a mayor profundidad acabó sumergido en los dominios del flujo. Fases como irreales donde la misma noción de maestría palidece ante relaciones con el objeto de juego más próximo a lo sexual. Con motivo de sus 63 puntos a los Celtics en abril de 1986 Jordan expresaba de manera sencilla qué es posible sentir en esa dimensión al alcance de casi nadie. “Cuando estoy haciendo mi juego, cuando me siento como me sentía en Boston aquella noche no creo que nadie pueda pararme. Sería capaz de estar corriendo durante días y desearía que los partidos no tuvieran fin. Es tal y como me siento en esos momentos” (Come Fly With Me, 1989).

 

Los sujetos de flujo parecen coincidir en la ausencia de emociones mientras dura el rapto. Y precisamente por esta ausencia de ruido emocional el flujo aproxima su sentido a las nociones teológicas de iluminación y bienaventuranza. Esta inmersión en un océano de calma aparecía igualmente destacada en Flow a través de otros dos protagonistas: una bailarina: “Me siento calmada y muy relajada. No tengo la preocupación del fracaso. ¡Qué sentimiento más poderoso y cálido! Quiero expresarme, abrazar al mundo. Siento un poder enorme para mostrar con mi baile la gracia y la belleza”; y un jugador de ajedrez: “Tengo un sentimiento generalizado de bienestar y controlo por completo mi mundo”.

 

Flujo y pulsión de juego. Más allá de la técnica. 

Todo gran jugador de baloncesto atraviesa a lo largo de su vida deportiva tres fases que, por lo general, se suceden con la experiencia de los años. Un primer periodo, hormonal y como apasionado, venal y sin resortes de control madurados, que es posible referir como pulsión física. Son esos años donde la energía del cuerpo en plenitud se impone a lo demás.

A esa etapa propiamente juvenil sucede la llamada pulsión técnica, donde las herramientas del juego ocupan un rango notablemente superior al influjo muscular. La pulsión mental, encargada de las sinergias, ya está viva en ambas fases. Pero es tan sólo gracias a ésta que el talento alcanza a conquistar la última y más elevada fase deportiva: la pulsión de juego, esto es, el conocimiento pleno, la sabiduría, el desarrollo sostenido de la intuición, la experiencia y el entendimiento, la optimización final de los recursos, la inmersión a la esencia lúdica del juego, el dominio en estado puro. Este terreno superior, el de la aptitud maestra, es el único vestíbulo posible para entrar en flujo. Lo demás será, a lo sumo, pura casualidad.

Porque el flujo es virtualmente la más alta representación de la sabiduría sea cual sea la actividad ejemplar. “Magic Johnson enseñó al mundo la existencia de un plano muy superior a la técnica. Un plano que se vale de ella. Pero que al mismo tiempo la oculta. Se trata de un terreno vedado a la mayoría de jugadores. Un plano de ejecución al alcance exclusivo de la condición del genio” (La Magia Eterna, 2009).

 

Artículo completo en: http://www.jotdown.es/2012/02/gonzalo-vazquez-baloncesto-y-fase-de-flujo/

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