Verdadera meditación – Papaji

* * * La Verdadera meditación * * *

Cuando meditas,
el ego aparece y te conviertes en el meditador.
En este proceso, conviertes la Realidad en un objeto,
cuando en realidad es quien Tu realmente eres.

Entonces, la mejor meditación es simplemente permanecer en silencio aquí.

No sigas ningún pensamiento y no actives la mente.
Esta es la verdadera meditación.

Saber que estás meditando no es verdadera meditación.

Cuando te quedas en silencio aquí,
no hay meditador.
No hay nada que lograr en el futuro,
porque todo ya está aquí.

El meditador aparece desde aquí.

Cuando te quedas en silencio eso es,
ningún meditador, ninguna meditación y ningún objeto de meditación.

Esta es Existencia-consciencia-felicidad en sí mismo.

Es en este instante, en este espacio.
Es lo que eres, sin deseos.
Perfecto Ser.

En un abrir y cerrar de ojos ¡eres libre!

~ Sri Papaji

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El Tesoro en el corazón de Hánuman

(Basado en un relato clásico de la India)

Era el día que todos los ciudadanos del reino de Ayodhya habían anhelado. Después de catorce años de exilio, y una guerra feroz contra Rávana, el rey demonio de diez cabezas, el Señor Rama y Sita habían vuelto a casa.

Su llegada fue recibida con gran júbilo. Hombres, mujeres y niños se alineaban en las calles de la ciudad ejército de monos que había luchado tan valientemente en su nombre. Uno por uno, el Señor Rama llamó a los monos al frente, obsequiándoles regalos de oro y joyas como muestra de su gratitud. Cada mono aceptaba este prasad ahuecando las manos.

Finalmente, todos los monos habían recibido un regalo. Todos excepto uno. Durante todo el evento un mono se había mantenido a un lado humildemente, con las manos juntas y la cabeza inclinada en reverencia. Los ojos del Señor Rama destellaron al observar a su devoto sirviente.

—Hánuman —dijo con suavidad. En un instante, Hánuman estaba a los pies del Señor Rama.
—¿Sí, mi señor? —preguntó
—¿Qué regalo podrá nunca expresar mi gratitud por todo lo que has hecho por mí? —preguntó el Señor Rama.
—Mi Señor, tú eres mi Guru—replicó Hánuman con una sonrisa—. Servirte es el regalo más grande de todos.
El Señor Rama se volvió hacia su esposa, quien miraba a Hánuman con mucho amor. Ella sostenía aún el collar de perlas en sus manos. El Señor Rama sonrió, asintiendo, al comprender lo que ella quería hacer. Con un ademán hacia el collar, dijo:
—Amadísima Sita, vamos a dárselo a quien mejor encarna las cualidades de un héroe: alguien que es valeroso, y sin embargo, humilde; decidido, con devoción inquebrantable; diestro en la acción, y que posee un corazón puro, sabiduría verdadera y el poder del discernimiento. Sita no dudó. Acercándose a Hánuman, le colocó el collar en el cuello.
—Hánuman —le dijo—, por favor acepta este regalo como una muestra de nuestra gratitud. Hánuman inclinó humildemente la cabeza. Luego juntó el collar en una mano y comenzó a mirarlo muy de cerca. Todo el mundo podía apreciar que el collar era exquisito, cada perla era perfectamente lisa, y brillaba con el fulgor de los rayos de luna.

Hánuman tomó una sola perla entre sus dedos, y la alzó sosteniéndola en la luz, haciéndola girar lentamente, como si buscara algo. Con gran cuidado, se colocó la perla entre los dientes… ¡y la partió a la mitad! Toda la sala hizo una exclamación de asombro. Mirando dentro de la perla sin encontrar nada allí, Hánuman apartó las dos mitades y fijó su atención en la siguiente perla del collar. El Señor Rama observaba con una sonrisa, mientras Hánuman mordía, una por una, cada perla, partiéndola en dos, hasta que no quedó ninguna intacta.

—¡Hánuman! —gritó Vibhíshana— ¿Qué has hecho? La reina Sita te honra con un regalo tan precioso y ¡mira como lo has arruinado! ¡Cómo pudiste hacer semejante cosa?
—Tú no entiendes, Vibhíshana —dijo él—. Yo estaba buscando al Señor Rama. —Y extendió los restos del collar a Vibhíshana para que viera
— No pude encontrar la imagen ni el nombre ni el perfume del Señor Rama en ninguna de estas perlas. ¿De qué me sirven si no contienen a mi Amado? Vibhíshana, incrédulo, negó lentamente con la cabeza.
—¿Crees tú que este collar es inútil solo porque no contiene el nombre o la imagen del Señor Rama? Hánuman asintió. —¿Y qué pasa con tu cuerpo? Si tu cuerpo no contiene al Señor Rama, ¿es inútil también? Ante esto, los ojos de Hánuman brillaron de amor:
—¡Mira! —gritó, y llevándose las manos al pecho, sin arredrarse, lo desgarró abriéndolo— Miren dentro por ustedes mismos. Allí, dentro del corazón de Hánuman, estaban sentados el Señor Rama y Sita. Y en todo el pecho de Hánuman, a través de cada hueso y cada fibra muscular, el nombre del Señor Rama estaba escrito. Quienes miraban se quedaron azorados. El nombre del Señor Rama no solo podía verse claramente sino que también podía escucharse.
El nombre divino, Rama, Rama, Rama, salía de cada parte de Hánuman, resonando en toda la sala del palacio y subía hasta los cielos, llenando el mundo con su dulzura.

Lleno de amor y compasión, el Señor Rama se acercó a Hánuman. Con sus manos cerró el pecho de Hánuman y lo envolvió en un abrazo que curó su herida por completo.
—Hánuman —dijo—cualquier cosa que desees, dila y te la concederé con todo mi corazón. Hánuman no dudó siquiera:
—Todo lo que deseo es una devoción constante hacia ti, mi Señor. Que te ame y te sirva con cada partícula de mi ser, hoy y para siempre. El Señor Rama asintió:
—Entonces, así será, querido Hánuman. Una amplia sonrisa, radiante como el amanecer, se extendió por la cara de Hánuman. Inclinó la cabeza en gratitud.

Para entonces, todos los presentes habían comprendido la verdadera profundidad de la devoción de Hánuman por su amado Señor Rama. Por medio del enfocado servicio de Hánuman, el Señor había tomado residencia en su corazón, impregnando todo su ser.

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Poema de Hafez

“Está ebria la inteligencia, ebrios los ángeles, ebria el alma, ebrio el aire, ebria la tierra, ebrio el cielo.
El firmamento gira aturdido por ese vino y alberga en su corazón el anhelo de percibir su aroma.
Los ángeles han bebido lo claro [de ese vino] en un cántaro inmaculado y derramaron las heces de ese trago [de vino] sobre la tierra.
Los elementos, ebrios y felices por ese trago, se sumergen a veces en el agua, a veces en el fuego”.
Hafez

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El ermitaño

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero.

Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

– ¿Acaso eres un visir?

– Mi rango es superior al de visir – repuso el ermitaño.

– ¿Acaso eres un primer ministro?

– Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:

– ¿Acaso eres el mismo rey?

– Mi rango es superior al del rey.

– ¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.

– Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:

– ¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma:

– Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

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El Monte de la Perfección – San Juan de la Cruz

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.

San Juan de la Cruz

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Entrevista con Mooji – ¿Cómo ves a quienes quieren convertirse en Maestros?

La conversación a continuación es una traducción de una parte de una entrevista con Mooji realizada por para su próximo libro Transformative Relationships: Paradoxes and Dilemmas, en el que Mooji explica cómo ve la motivación de algunos de sus alumnos para enseñar.

Amir: ¿Cómo trabajas con estudiantes que han estado contigo por un tiempo y que llegan a un lugar de ver verdadero? ¿Tiene algún alumno compartiendo satsang en su nombre? ¿Cuál es tu sensación sobre esto?

Mooji: Es una buena pregunta. Por el momento, hay seis o siete personas en diferentes partes del mundo que comparten lo que sienten que han captado a través de mis indicaciones. No les pedí que hicieran esto. Ellos mismos escribieron diciendo que la gente les hacía preguntas y que descubrieron que las respuestas fluían naturalmente, como si yo mismo respondiera a través de ellas. Así que observé algunos de sus intercambios y dije: ‘Puedes continuar, pero ten cuidado con cualquier impulso de etiquetarte como un gurú o maestro para que tu comprensión no esté contaminada por el ego’.

Después de tu primera experiencia de despertar o de una profunda revelación, es fácil pensar, “¡Lo he hecho!”. Y si tienes alguna arrogancia o una mente astuta, tu mente cree rápidamente que tu tiempo de ser aprendiz ha terminado. Hay muchos buscadores que creen estar despiertos, cuando de hecho todavía están sumidos en la ilusión. Pasan por alto las señales que muestran que la identidad personal todavía está viva. Luego, cuando se dan cuenta del error, ya están en un rol que puede parecer imposible de dejar atrás sin culpabilidad o vergüenza. Es muy importante tomarse el tiempo para madurar y continuar quemando los restos de la identidad egoica, que puede persistir y son las últimas sombras que se van. Por lo tanto, insto: continúen su indagación mientras permanecen a los pies del Maestro.

Algunos estudiantes se han convertido en maestros y ayudan a otros a desarrollarse espiritualmente, pero no he encontrado a nadie que guíe a los buscadores con la luz y el poder implacables de la auto-indagación, en la forma en que destruye el ego al instante.

El verdadero compartir no tiene detrás a alguien haciendo algo, así que ni siquiera sé si lo llamaría compartir. Uno encuentra que no hay una identidad particular para ser; la identidad se vuelve muy superficial y es reemplazada por una presencia espontánea e intuitiva. Ya sea que uno hable con un gato o el panadero o alguien del satsang, lo que se comparte siempre es apropiado porque es el espíritu el que está interactuando en formas variadas como la propia vida. Siempre funciona en un tiempo perfecto y cuida a aquellos que aman la Verdad. Lo que intento es proteger a los seres de cualquier tendencia a querer enseñar en una etapa prematura en su desarrollo, aunque puedan sentir dentro de sí mismos que están bastante preparados. Este es también el trabajo del Maestro, tirar de las riendas de esta tendencia galopante a apresurarse cuando todavía debería estar sentado en soledad a los pies del Maestro, marinándose en la presencia. A veces, un buscador o un estudiante, habiendo experimentado lo que sienten que es una profunda revelación, luego siente que de alguna manera están ya cualificados para guiar a otros. Incluso pueden tener ganas de establecer su propio grupo independiente. Este es un gran error porque a menudo proviene del ego, aunque puede que no sea obvio para ellos al principio. Si alguien quiere hacer lo suyo y separarse de la sangha principal, esto es lo más sospechoso. Permanezca dentro del cuerpo principal de la sangha, y luego gradualmente, a medida que creces en madurez, todo comienza a desarrollarse naturalmente. Pero primero usted mismo debe estar completamente cocinado.

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