Palabras de Dhamma

Un monje llamado Samidhi fue ante el Buddha para pedirle que le enseñara el poema y la exposición del Bhaddekaratta:

A nadie dejes revivir el pasado
ni construir sus esperanzas sobre el futuro,
pues el pasado ha quedado atrás
y el futuro todavía no se ha alcanzado.

Con sagacidad, déjale ver, en cambio,
cada estado que surge en el presente;
déjale que lo conozca bien y que de ello esté seguro,
invencible, inquebrantable.

Es hoy cuando uno ha de esforzarse;
mañana, ¿quién sabe?, puede llegar la Muerte,
ningún pacto con la Mortalidad
puede mantenerla alejada, ni a ella ni a sus huestes.

Pero quien así mora, ardientemente,
implacablemente, de día, de noche,
es él, como ha dicho el Apacible Sabio,
quien ha pasado una noche excelente.

En Grandes discípulos de Buda, comentarios del Majjhima Nikaya.

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Confirma tu posición, permanece como la Consciencia

Cada vez que entre la mente, permanece como la Consciencia.
Siéntate en Esto como Esto mismo.

La mente vendrá y hará todo lo posible
para llamar tu atención e interés
te llamará por tu nombre y jugará sus mejores cartas,
pero simplemente permanece como la Consciencia.

Tu corazón comienza a latir con fuerza, se avecina un dolor de cabeza,
pero simplemente permanece como la Consciencia.

Así es como quiero ayudarte,
porque esto es lo que realmente te ayudará
a alcanzar la libertad final.

No nos centremos en tus problemas,
porque no tienen fin;
de hecho, el juego de los problemas simplemente se multiplica
y mantiene viva tu identidad falsa.

Quiero ir a la raíz de todo,
no solo recortar las hojas de este árbol.

Mediante el hábito, la atención sigue conectándose
a algunas imagenes en la mente
a las que les das importancia
y por eso parece difícil salir de eso.

¡Pero sal fuera! ¿Cómo?
Viendo y confirmando tu posición
como la consciencia testigo de todo el juego de la mente
y por tanto confirmando a través de la experiencia directa
que eres el Observador sin forma.

Así es como sales.
Este es el fruto final del verdadero Satsang.

~ Mooji

La búsqueda y la práctica – Papaji

Hay tres razones por las que la búsqueda y la práctica
son una soberana tontería, sirviendo solo para confundir
con el ardid de la aguda mente postergando la Liberación.

La primera es porque crea un buscador.
Lo cual, reafirma la idea de que existe un individuo sufriente
separado de la Libertad, y de que el Ser
es “otra cosa” que está fuera del Aquí y el Ahora.

La segunda es la búsqueda.
La búsqueda es una distracción que obliga a la postergación
y a un sufrimiento tan interminable como innecesario.
La Búsqueda promueve las religiones, las tradiciones,
los caminos espirituales a los que adherirse;
que sólo sirven para atraparte más y más profundamente en la ilusión.
La Verdad está sólo Aquí y Ahora,
Pero la búsqueda dice que está en el mañana.

La tercera razón
es que la búsqueda crea un objeto a encontrar,
lo que la convierte en la trampa más sutil y engañosa.

Cuando comienzas la búsqueda tienes una idea, un concepto
de lo que andas buscando.
Como la naturaleza de maya, de la ilusión,
es que cualquier cosa que pienses, se manifiesta
y obtendrás cualquier objetivo que te propongas conseguir.
De eso no hay duda: todo lo que pienses se te hace realidad.

¡Así que con la búsqueda, creas y luego obtienes
aquello que crees andar buscando!
Cualquier reino de los cielos
o alto estado espiritual que ansíes alcanzar,
lo alcanzarás
después de haberlo conceptuado y creado tú mismo.
Después descansarás satisfecho en tu propia trampa
Pensando que ya has obtenido tu “reino de los cielos”.
Esta es tu cuento de la lechera, tu libertad hecha a medida.
Con tus propias creencias y condicionamientos
dictando cómo debe ser el Altísimo.

La Verdad está más allá de cualquier
pensamiento, concepto, o condicionamiento.
Verdad es lo que tú eres, y sólo la Verdad Es.
Así que abandona tu búsqueda, simplemente Aquiétate,
No estimules ningún pensamiento ni hagas esfuerzo alguno,
y la Verdad se te revelará por Sí misma y a Sí misma.

Toda práctica acarrea un ego
que refuerza la relación sujeto-objeto.
Toda practica se lleva a cabo
a través de los sentidos y del cuerpo-mente,
lo cual reafirma la identificación con el cuerpo-mente.
Cualquier identificación es una identificación errónea.

Te conviertes en cualquier cosa que pienses,
así que si piensas en el nombre y en la forma
estás pensando en el ego-mente-mundo-sentidos-ilusión.

Si es absolutamente necesario que pienses,
Piensa entonces en Existencia, Consciencia,
Éxtasis. Aunque lo mejor es simplemente saber que
“Yo soy Eso, Yo soy Brahman”.

La práctica directa es en el Ahora mismo, simplemente Siendo,
sin esperar al siguiente momento o al siguiente pensamiento
o a la próxima vida para llevar algo a cabo.

La práctica directa es el Éxtasis de tornar tu cara hacia el Ser,
la práctica directa es honrar tu propio Ser,
la práctica directa es Existir.


Papaji

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Verdadera meditación – Papaji

* * * La Verdadera meditación * * *

Cuando meditas,
el ego aparece y te conviertes en el meditador.
En este proceso, conviertes la Realidad en un objeto,
cuando en realidad es quien Tu realmente eres.

Entonces, la mejor meditación es simplemente permanecer en silencio aquí.

No sigas ningún pensamiento y no actives la mente.
Esta es la verdadera meditación.

Saber que estás meditando no es verdadera meditación.

Cuando te quedas en silencio aquí,
no hay meditador.
No hay nada que lograr en el futuro,
porque todo ya está aquí.

El meditador aparece desde aquí.

Cuando te quedas en silencio eso es,
ningún meditador, ninguna meditación y ningún objeto de meditación.

Esta es Existencia-consciencia-felicidad en sí mismo.

Es en este instante, en este espacio.
Es lo que eres, sin deseos.
Perfecto Ser.

En un abrir y cerrar de ojos ¡eres libre!

~ Sri Papaji

El Tesoro en el corazón de Hánuman

(Basado en un relato clásico de la India)

Era el día que todos los ciudadanos del reino de Ayodhya habían anhelado. Después de catorce años de exilio, y una guerra feroz contra Rávana, el rey demonio de diez cabezas, el Señor Rama y Sita habían vuelto a casa.

Su llegada fue recibida con gran júbilo. Hombres, mujeres y niños se alineaban en las calles de la ciudad ejército de monos que había luchado tan valientemente en su nombre. Uno por uno, el Señor Rama llamó a los monos al frente, obsequiándoles regalos de oro y joyas como muestra de su gratitud. Cada mono aceptaba este prasad ahuecando las manos.

Finalmente, todos los monos habían recibido un regalo. Todos excepto uno. Durante todo el evento un mono se había mantenido a un lado humildemente, con las manos juntas y la cabeza inclinada en reverencia. Los ojos del Señor Rama destellaron al observar a su devoto sirviente.

—Hánuman —dijo con suavidad. En un instante, Hánuman estaba a los pies del Señor Rama.
—¿Sí, mi señor? —preguntó
—¿Qué regalo podrá nunca expresar mi gratitud por todo lo que has hecho por mí? —preguntó el Señor Rama.
—Mi Señor, tú eres mi Guru—replicó Hánuman con una sonrisa—. Servirte es el regalo más grande de todos.
El Señor Rama se volvió hacia su esposa, quien miraba a Hánuman con mucho amor. Ella sostenía aún el collar de perlas en sus manos. El Señor Rama sonrió, asintiendo, al comprender lo que ella quería hacer. Con un ademán hacia el collar, dijo:
—Amadísima Sita, vamos a dárselo a quien mejor encarna las cualidades de un héroe: alguien que es valeroso, y sin embargo, humilde; decidido, con devoción inquebrantable; diestro en la acción, y que posee un corazón puro, sabiduría verdadera y el poder del discernimiento. Sita no dudó. Acercándose a Hánuman, le colocó el collar en el cuello.
—Hánuman —le dijo—, por favor acepta este regalo como una muestra de nuestra gratitud. Hánuman inclinó humildemente la cabeza. Luego juntó el collar en una mano y comenzó a mirarlo muy de cerca. Todo el mundo podía apreciar que el collar era exquisito, cada perla era perfectamente lisa, y brillaba con el fulgor de los rayos de luna.

Hánuman tomó una sola perla entre sus dedos, y la alzó sosteniéndola en la luz, haciéndola girar lentamente, como si buscara algo. Con gran cuidado, se colocó la perla entre los dientes… ¡y la partió a la mitad! Toda la sala hizo una exclamación de asombro. Mirando dentro de la perla sin encontrar nada allí, Hánuman apartó las dos mitades y fijó su atención en la siguiente perla del collar. El Señor Rama observaba con una sonrisa, mientras Hánuman mordía, una por una, cada perla, partiéndola en dos, hasta que no quedó ninguna intacta.

—¡Hánuman! —gritó Vibhíshana— ¿Qué has hecho? La reina Sita te honra con un regalo tan precioso y ¡mira como lo has arruinado! ¡Cómo pudiste hacer semejante cosa?
—Tú no entiendes, Vibhíshana —dijo él—. Yo estaba buscando al Señor Rama. —Y extendió los restos del collar a Vibhíshana para que viera
— No pude encontrar la imagen ni el nombre ni el perfume del Señor Rama en ninguna de estas perlas. ¿De qué me sirven si no contienen a mi Amado? Vibhíshana, incrédulo, negó lentamente con la cabeza.
—¿Crees tú que este collar es inútil solo porque no contiene el nombre o la imagen del Señor Rama? Hánuman asintió. —¿Y qué pasa con tu cuerpo? Si tu cuerpo no contiene al Señor Rama, ¿es inútil también? Ante esto, los ojos de Hánuman brillaron de amor:
—¡Mira! —gritó, y llevándose las manos al pecho, sin arredrarse, lo desgarró abriéndolo— Miren dentro por ustedes mismos. Allí, dentro del corazón de Hánuman, estaban sentados el Señor Rama y Sita. Y en todo el pecho de Hánuman, a través de cada hueso y cada fibra muscular, el nombre del Señor Rama estaba escrito. Quienes miraban se quedaron azorados. El nombre del Señor Rama no solo podía verse claramente sino que también podía escucharse.
El nombre divino, Rama, Rama, Rama, salía de cada parte de Hánuman, resonando en toda la sala del palacio y subía hasta los cielos, llenando el mundo con su dulzura.

Lleno de amor y compasión, el Señor Rama se acercó a Hánuman. Con sus manos cerró el pecho de Hánuman y lo envolvió en un abrazo que curó su herida por completo.
—Hánuman —dijo—cualquier cosa que desees, dila y te la concederé con todo mi corazón. Hánuman no dudó siquiera:
—Todo lo que deseo es una devoción constante hacia ti, mi Señor. Que te ame y te sirva con cada partícula de mi ser, hoy y para siempre. El Señor Rama asintió:
—Entonces, así será, querido Hánuman. Una amplia sonrisa, radiante como el amanecer, se extendió por la cara de Hánuman. Inclinó la cabeza en gratitud.

Para entonces, todos los presentes habían comprendido la verdadera profundidad de la devoción de Hánuman por su amado Señor Rama. Por medio del enfocado servicio de Hánuman, el Señor había tomado residencia en su corazón, impregnando todo su ser.

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Poema de Hafez

“Está ebria la inteligencia, ebrios los ángeles, ebria el alma, ebrio el aire, ebria la tierra, ebrio el cielo.
El firmamento gira aturdido por ese vino y alberga en su corazón el anhelo de percibir su aroma.
Los ángeles han bebido lo claro [de ese vino] en un cántaro inmaculado y derramaron las heces de ese trago [de vino] sobre la tierra.
Los elementos, ebrios y felices por ese trago, se sumergen a veces en el agua, a veces en el fuego”.
Hafez

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El ermitaño

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero.

Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

– ¿Acaso eres un visir?

– Mi rango es superior al de visir – repuso el ermitaño.

– ¿Acaso eres un primer ministro?

– Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:

– ¿Acaso eres el mismo rey?

– Mi rango es superior al del rey.

– ¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.

– Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:

– ¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma:

– Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

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