AlVacio

 

 

AlVacio

quien sea que eres

en el sueño profundo,

lo sigues siendo.

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El ermitaño

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero.

Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

– ¿Acaso eres un visir?

– Mi rango es superior al de visir – repuso el ermitaño.

– ¿Acaso eres un primer ministro?

– Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:

– ¿Acaso eres el mismo rey?

– Mi rango es superior al del rey.

– ¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.

– Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:

– ¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma:

– Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

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Deja de querer repararte

Deja de querer sanarte, de querer repararte,
Incluso deja de querer despertar.

Deja de adelantar la película de tu vida.
Deja de querer “soltar”.
Sanarse no es un destino.
Permanece aquí.

Tu dolor, tu pena, tus dudas, tus anhelos,
Tus pensamientos llenos de miedo… no son errores,
Y no están pidiendo ser sanados.
Están pidiendo ser sostenidos. Aquí, ahora, suavemente,
En los brazos amorosos, sanadores, de la conciencia presente.

– Jeff Foster